Un “delete” o infierno

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Cuando se realiza la fe

A lo largo del tiempo he tenido preocupaciones sobre situaciones que al volverlas a ver palidecen. Será, quizás, porque las presentes siempre me parecen insolubles y ejerciendo retos cuesta arriba. A lo mejor será a lo que Dante se refería al decir que “todo tiempo pasado fue mejor” porque, seguramente, la distancia temporal ofrece algún alivio y da otra perspectiva acerca de lo vivido.

A lo largo del tiempo, también sigo odiando los problemas y dificultades, como es natural, pero he llegado a comprender que representan una valiosa oportunidad para poner a prueba mi confianza en Dios y para estimular mi atención acerca de cómo se manifiesta en torno a mi vida.

Sin pretender una petulancia, quisiera decir que estoy comenzando a disfrutar el infortunio por el hecho de permitirme ver con certeza la mano sutil de Dios moldeando mi entorno, acondicionando eventos que bien pueden ser calificados de casualidad durante un ejercicio de razonamiento, pero que, por un motivo inexplicable, puedo discernir como un trato de Dios dedicado a mí, para expresarme que está atento de mis necesidades, aunque las circunstancias no lo muestren. ¿De dónde surge en mí tal certeza, ese tránsito de la razón a la intuición? No lo sé; pero sí sé que me conforta, y que el interés por conocer su procedencia me lleva a un estadio nuevo, desnudo de razón, comúnmente denominado como fe, es decir, “la certeza de lo que no se ve”, lo que nos lleva a denominar “las cosas que no son como si fueran” y a desatar una fuerza poderosa capaz de cristalizar situaciones y transformar realidades.

Este fenómeno ha sido llamado de diferentes maneras: la magia del pensamiento positivo, las fuerzas del pensamiento cósmico, el poder de creer en uno mismo, entre otras igualmente o todavía mucho más sugestivas expresiones; pero, en definitiva, todas aludiendo y reconociendo una fuerza transformadora de la realidad, de procedencia desconocida. El ejercicio para comprender y nombrar esa “energía” renovadora, restauradora, sanadora, transformadora, proveedora…puede ser tan largo como lo deseemos, pero yo tomé el atajo: Jesucristo.


Manifestar nuestros sueños

Leyendo el Génesis, me encontraba con la historia de José, el que fue vendido como esclavo por sus hermanos, a causa de envidia por el amor favorito que le tenía su padre, Jacob.  Mi reflexión sobre esta historia se centra en la actitud de José en cuanto a declarar sus sueños y que el  hacerlo le generó muchas dificultades. El soñó que tanto sus hermanos como sus padres llegarían a inclinarse ante él (Génesis 37:1-28). Ciertamente así llegó a ser cuando se convirtió en un funcionario importante en Egipto, con el poder de abastecer o no de alimentos a muchos pueblos del entorno.

Aprendemos de ese pasaje que es preciso declarar los sueños que tenemos con respecto a nuestra vida, al igual que muchos autores de la motivación y el desarrollo personal recomiendan contar nuestros proyectos para que la verbalización contribuya a su logro. Pero del pasaje aprendemos que ciertamente debemos manifestar nuestros sueños; pero que también debemos tener la certeza de que tales sueños sean aquellos que Dios ha puesto en nosotros, porque quizá podríamos estar contando a todos los sueños que solo se albergan en nuestros deseos, sin que necesariamente sean sueños colocados por Dios en nuestro pensamiento y en nuestro corazón.

Por eso es importante rogar por sabiduría para lograr identificar, de entre nuestros deseos y aspiraciones, aquello que Dios ha puesto para nosotros y que seguramente contará con todo su apoyo. Ese sueño quizá podrá ser en lo profesional, en lo deportivo, en lo empresarial, en algún ministerio eclesiástico, no importa. Lo importante para que se cristalice con éxito será discernir su procedencia e identificar el propósito que Dios tenga detrás de nuestro sueño.


¿Ya planificó su comunicación para el 2012?

Al igual que sucede con las personas naturales, en las empresas también suele reflexionarse sobre el año concluido y sobre los nuevos propósitos, metas y objetivos para el año que comienza. La herramienta en estos procesos es, inevitablemente, la comunicación.
Ya sea como un simple discurso de cierre o de inicio de año, o bien como proceso más complejo de reflexión en equipo con la finalidad de sistematizar los aportes individuales que puedan resultar, la comunicación es el paso inevitable. Incluso si llega a darse una ausencia de acción comunicativa, siempre se produce un mensaje. En todo caso, la comunicación es la herramienta para establecer las metas y las rutas de acción en cualquier tipo de organización. La pregunta, por lo tanto, es cómo preparar la comunicación como herramienta para sacar el mejor provecho a un momento en que las actitudes de la mayor parte de personas suelen ser más abiertas hacia los cambios y la búsqueda de nuevos retos. En otras palabras, la pregunta es ¿cómo planificar la comunicación para el año que comienza?.
En primer lugar, es importante diferenciar entre lo que simplemente se desea, cosas que quisiéramos lograr, y lo que decididamente esperamos conseguir al final de un periodo como producto de una planificación sistemática de acciones que nos conducen a un resultado específico. Muchas personas suelen simplemente decir que rebajarán de peso en el nuevo año, pero son pocas las que programan el conjunto de acciones que las conducirán a ese objetivo. Es igual en el ámbito empresarial, incluso cuando se llevan a cabo ejercicios de planificación estratégica que posteriormente no se llevan a la práctica porque simplemente no se comunican; es decir, porque no se considera a la herramienta, la comunicación.
Hasta este punto hemos hablado de planificar la comunicación como herramienta, pero más importante aún es considerar a la comunicación como estrategia que contribuye al logro de los objetivos de la organización. Aquí resulta oportuno establecer objetivos mensurables con respecto a temas como visibilidad, posicionamiento, marketing, imagen corporativa e, incluso, el manejo comunicacional de eventuales crisis que pudieran suceder a lo largo del año.
Estos aspectos deben ser considerados en los planes de las empresas y de las organizaciones, por igual, pues iIndependientemente de si las organizaciones son pequeñas, medianas o grandes, las necesidades en el campo de la comunicación solamente cambian de escala.
Algo también importante de precisar es que no solo se trata de ver la comunicación en términos de publicidad, campañas de relaciones públicas, marketing, redes sociales, etc., sino considerar que esto solo es una parte de la estrategia de comunicación que se necesita planificar y definir con precisión el tipo de mensaje para cada público específico con quien la organización o la empresa se comunica. Hoy en día es común escuchar o leer la frase “síguenos en Facebook”, pero al visitar en Facebook a muchas de esas empresas, uno se da cuenta de que no tienen nada que decirme.
Por lo tanto, es importante comprender la necesidad de planificar la acción comunicativa en función de los públicos, lo cual puede resultar en planes específicos de comunicación interna, comunicación comercial, comunicación industrial, o bien comunicación institucional.
Y usted… ¿ya planificó su comunicación?


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